lunes, 15 de agosto de 2016

Los restos de Juan Carreras ya descansan en Belén









A los 26 años lo "desaparecieron”. Su familia lo buscó, lo esperó, lo lloró, pero durante 40 años -se iban a cumplir el próximo 16 de septiembre- no pudo cerrar el ciclo de esta verdadera tragedia. Había nacido el 26 de julio de 1950 en la ciudad de Belén, estudiaba bioquímica, soñaba con otro país, más justo, luchó por lo que creía y eso lo hizo ser marcado por los dictadores que sentenciaron su desaparición y muerte, sin juicio, sin oportunidad de defensa, sin misericordia.
El belicho Juan Francisco Carreras integraba el cuerpo de delegados de la facultad de Bioquímica, militaba en el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), un frente organizado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Por esta militancia fue puesto en las listas negras y pasó a formar parte de los 30.000 desaparecidos que hubo entre 1976 (o más bien 1974) y 1983.
El 2 de mayo de 1976 un grupo de tareas irrumpió en su domicilio de Tucumán -provincia donde estudiaba- y no lo encontró. Al enterarse de esto viajó a Belén a la casa de sus padres. Pese a que le pedían que no regresara a Tucumán, decidió hacerlo para presentarse a rendir el examen final el 16 de septiembre. Ese día, en el mismo edificio de la Universidad fue secuestrado, mientras en vano pedía auxilio.
Juan fue visto por última vez en el centro de exterminio Arsenal Miguel de Azcuénaga, Tucumán. Después, el dolor de suponerlo muerto, de no tener más datos. Su hermana Felicidad "Mimí” Carreras nunca renunció a su búsqueda. Por eso, cuando a fines del mes pasado recibió la noticia de que los restos de su hermano fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, los fuertes sentimientos encontrados, de alegría y tristeza, debieron desbordarla.
El sábado último, los restos de Juan fueron llevados a su Belén natal y recibieron sepultura. El ciclo se cerraba, como se van cerrando otros con los juicios de lesa humanidad que, aunque tardíamente, van condenando a tantos culpables.
Es indispensable hacer memoria de estos hechos para que no permitamos que jamás vuelvan a suceder.

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